sábado, 3 de diciembre de 2011

El ocaso del PSOE


El PSOE ha sido desde la Transición uno de los partidos que ha copado buena parte de las instituciones del estado, y de sus filas han salido dos presidentes de gobierno de España. Un partido que, con un discurso de ampliación de las libertades individuales y de mejora del acceso a los servicios públicos, junto con el apoyo de poderosos grupos mediáticos, ha mantenido en el tiempo una potente base electoral. Curiosamente, la línea económica del partido, que históricamente fue marxista, pasó a la socialdemocracia durante la Transición, para ir desdibujándose en pragmatismo económico al compás de lo que marcaban los cantos de sirena del mercado, la banca, la Unión Europea y la globalización, pero manteniendo la pátina de partido de izquierdas que las necesidades del marketing electoral imponían como obligatoria para conservar a sus tradicionales votantes. 

Esto posibilitaba espectáculos como que, en sus reuniones colectivas, las juventudes idealistas del partido entonasen puño en alto La Internacional codo a codo con los dirigentes que crearon las ETT’s, entre otras incongruencias que muchos que nos consideramos de izquierdas preferíamos observar desde la distancia, antes que involucrarnos en una organización como la que veíamos. No se perdía ocasión de acusarnos de ”dividir a la izquierda” a todos los discrepantes con el credo único que ofrecía el PSOE.

La era ZP

José Luis Rodríguez Zapatero, PSOE
El último miembro del PSOE aupado a presidente del gobierno, el señor Zapatero, no ha sido ajeno a estas praxis. Llegó al gobierno en el 2004 subido a la ola de la oposición social contra el PP, su conservadurismo social y su libertinaje económico tras dominar con mayoría absoluta. Zapatero realizó durante su primera legislatura alguna de las demandas más vivamente reclamadas en las manifestaciones de los años anteriores (salida de las tropas de Irak, freno a la LOE, paralización del Plan Hidrológico Nacional, etc).

Durante estos primeros años de Zapatero, la banca española se encontraba suficientemente entretenida haciendo pingües negocios en el sector de la construcción, jaleado por leyes provenientes de los gobiernos de Aznar, pero se prefirió no tocarlas en lo esencial para no perjudicar un modelo económico basado fuertemente en el ladrillo y que el PSOE asumió alegremente sin apenas pestañear. No se realizó una apuesta consistente por un cambio de modelo en los años en los que había recursos para poder hacerlo.

El ritmo de construcción de viviendas en España se había desbocado hasta provocar el disparate de que España edificaba más que Italia, Francia y Alemania juntas. Esto fue de la mano de una escalada espectacular de la especulación, que ponía el precio de la vivienda fuera del alcance del asalariado común local, que se veía obligado a recurrir a la banca para, endeudándose hasta más allá de la jubilación, poder tener vivienda propia. También fue un momento de hacer negocios extravagantes y que no se entendían, como que el Banco de España vendió un tercio de sus reservas de oro en un movimiento que no se entendió muy bien en su momento.

Pero durante la segunda legislatura de Zapatero se gestaba a nivel global una fuerte crisis cíclica del capitalismo, y el modelo de crecimiento de España iba a conseguir amplificar aún más los efectos de la crisis. Primero el gobierno optó por ignorarla, como si así dejara de existir, se optó por anular el Impuesto de Patrimonio y por regalar dinero a los bancos a cambio de nada, sin entrar a formar parte de sus direcciones, ni exigir moderación en las nóminas de sus ejecutivos, ni en la distribución del crédito, y los bancos aprovecharon esto. Fueron los meses de la “desaceleración”, y las cajas de ahorros más débiles empezaban a caer mientras se forzaba el agrupamiento de las otras, pero sin consecuencias para aquellos que las habían hundido. La nefasta gestión de estos momentos amplificaría aún más el efecto destructivo de la recesión. También se comenzaba a resquebrajar la imagen del talante de Zapatero: Iñaki Gabilondo le acusaba de mentir ala ciudadanía por el escándalo de los vuelos secretos de la CIA.

El golpe de la banca

Alfredo Sáenz, Banco Santander
La crisis acabó llegando con absoluta dureza: el milagro económico del ladrillo quebró estrepitosamente, se paralizó la construcción en seco, el consumo se derrumbó y el número de parados comenzó su escalada rumbo al infinito. Y el equipo político del PSOE fue dando tumbos durante meses, a golpe de improvisaciones y ocurrencias, hasta que en mayo 2010 la banca y la UE deciden dar un golpe de efecto y comienzan a dirigir y dictar directamente la política económica al gobierno del PSOE, sin procurar esconder las formas ni los efectos: ahora es la banca la que dicta cómo se debe gobernar, imponiendo la fórmula de contraer el gasto en vez de preocuparse por recaudar más. Y esto es algo que la oligarquía financiera puede permitirse hacer impunemente por la falta de autonomía del partido y su completa sumisión a los intereses de los bancos, algo que el PSOE arrastra desde hace décadas.

La reacción de los bancos fue tan aplastante y tan directa que destrozó la imagen del partido político, para dejarlo como lo que se ha demostrado con sus hechos, una herramienta más de la élite financiera para realizar su proyecto económico neoliberal.

Evolución del precio del oro 2007-2011. http://goldprice.org
Es tal la situación que un análisis del contexto actual y de la evolución de los hechos no deja lugar a dudas de cómo se guía el PSOE en temas que afecten a los intereses de los mercados financieros. Por ejemplo, El precio del oro que se vendió en 2007 a unos 700 dólares por onza, para “mejorar la rentabilidad de los activos”, hoy se compraría a unos 1750 dólares por onza, un 150% más; el ministro responsable de esta venta, el señor Solbes, está a nómina de la banca.

Otra demostración flagrante de hipocresía fue que en el 2004 Zapatero prometía la aprobación de una Ley de Transparencia, para mejorar el control del dinero de las administraciones y evitar la corrupción en las instituciones públicas. Fue una lástima que no la consiguiera sacar adelante por falta de tiempo. Volvió a prometer lo mismo en el 2008 y también adujo que no daba tiempo para algo así, si bien sí encontró un momento para introducirnos una reforma constitucional cocinada con premeditación y alevosía, reforma que dice –textualmente– que antes de pagar a funcionarios y pensionistas, se debe de pagar a los bancos los intereses de su deuda, y si no quedara dinero para partidas como sanidad o educación, eso no es problema del estado.

En estas últimas elecciones, uno ya ni pregunta si se proponía una Ley de Transparencia, no sea que te vuelvan a intentar vender la moto. Más aún cuando el candidato del PSOE ha sido un miembro de los gobiernos de Zapatero que se ha dedicado a lanzar propuestas de control a la banca que ni se han planteado realizar en estas dos legislaturas, a una altura a la cual ya nadie confía en que fuesen a hacer nada de lo que dicen.

En un último gesto de soberbia, con unas elecciones ya pasadas y la mayoría absoluta del PP bien afianzada, el señor Botín ha obtenido del gobierno saliente nada menos que el indulto a un banquero de los suyos que había sido sentenciado por el Tribunal Supremo, después de ralentizar su causa judicial más de tres lustros. Y ante esto, el portavoz del gobierno, imputado por corrupción, ha optado por despachar el asunto con “los indultos es que el gobierno no los comenta”. Quizá espera que si a él también le hace falta un indulto, nadie tenga que dar muchas cuentas de por qué se merece esa medida de gracia.

Ante el presente y el futuro que se avecina

El eslogan de la última campaña de Zapatero –la de 2008– era “motivos para creer”. La pregunta, en base a los hechos, que cabe entonces es, ¿Se puede todavía creer en el PSOE como instrumento al servicio de la sociedad para lograr justicia social? Como esta cuestión, se vienen a la cabeza otras como ¿tiene sentido apostar aún por el PSOE para alcanzar un sistema económico equilibrado que no esté al servicio de una casta? ¿Hay motivos realistas para pensar que la dirección de PSOE vaya a ser capaz de cortar los lazos que le unen estrechamente con el poder del capital?

La única respuesta realista a estas preguntas es no, un no rotundo, un no inequívoco que no juegue a dar esperanzas vanas a los ciudadanos en este partido, pues esta esperanza sería el peor de los males que solo conseguiría prolongar el tormento de la sociedad.

Ante este panorama, la única salida para aquellas bases socialistas que sigan ilusionadas con crear un proyecto de izquierdas y que articule una alternativa económica real, pasa necesariamente por abandonar la estructura del PSOE, una estructura corrompida e inutilizada para un proyecto de cambio, y articular una alternativa coherente y que pueda hacer frente a esta situación actual de bancocracia salvaje. Ahí no tengo duda de que será donde nos encontraremos.


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Luis Iglesias

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